jueves, 29 de abril de 2010

Meditando

Suena el silencio... unos breves instantes antes de escuhar la música... esos momentos en que respiras profundamente y aclaras la voz y de fondo... el corazón!! cierro lo ojos y me centro en su sonido, que se empieza a mezclar con los primeros compases de la música elegida. Y comienzan a salir las palabras... no hay que pensar, no hay que controlar, no hay que dirigir... solo respirar y dejar que el corazón te guíe.

Sin guiones ni pretensiones... la música me lleva a descubrir mundos mágicos donde sentirme completa... todo puede ocurrir!!!

Y entonces les miro... en la quietud de sus cuerpos relajados, sus ojos cerrados parecen mirarme y pedirme el paso siguiente... sentir, reflejar y soñar... las imágenes llegan solas y las palabras terminan... de nuevo, el silencio... mezclado con la sonrisa de quienes te han escuchado....

Aun no he encontrado una sensación tan increiblemente bella... no se compara con nada... la conexión se extiende mucho más allá de las paredes que nos albergan... y me marcho a casa con el corazón lleno de gratitud, con la serenidad en el alma y la sonrisa de quienes me acompañaron aún grabada en mi retina.

La semana que viene, será totalmente diferente e igual a la vez.

martes, 27 de abril de 2010

Liberaciones emocionales: energía en movimiento

La liberación emocional es una de las manifestaciones más comunes cuando trabajamos a fondo y sin embargo, en general, se suelen tener ciertos problemas para entender este proceso.

Una liberación no es más que una muestra evidente del profundo proceso de sanación que está llevando a cabo una persona. La conexión con nuestro Yo interior y con la energía universal o energía del Amor, es el primer paso y a continuación, entramos en contacto con lo que somos, eliminando aquello que no nos hace falta.

Hemos de saber que, una liberación emocional es la eliminación de energía acumulada que ya no nos resulta útil. La energía ocupa un lugar físico en nuestro cuerpo. Cuántas veces hemos dicho alguna frase como: “siento un nudo o una bola en el estómago”

La energía vital en nuestro interior nos sirve para gestionar nuestras actividades diarias. Somos seres equilibrados por naturaleza y de manera automática repartimos nuestra energía vital por nuestro cuerpo proporcionando lo que necesita cada órgano, músculo y proceso fisiológico.

Este reparto automático de la energía también se produce para gestionar situaciones de estrés y peligro, de forma que nuestro cuerpo redistribuye la energía, concentrándola, si hace falta, en un lugar preciso.

La mejor manera de entender esto es con un ejemplo:

Imagina que vas a cruzar la calle y un coche que se ha saltado un semáforo, está a punto de atropellarte.

Tus sentidos y tu cuerpo reaccionan para salvarte la vida. Tus sistemas de defensa se preparan y envían esa energía extra a donde se necesita para activar los mecanismos necesarios para salvar tu vida. Tal vez das un salto de vuelta a la acera o bien aceleras tu paso, llegando incluso a correr al otro lado, para evitar el atropello.

En ese momento, a nivel físico sentirás ciertas cosas: tu corazón bombea más rápido, la respiración se acelera, etc. A nivel fisiológico también ocurren cosas. Si estás en plena digestión, ésta se cortará y toda la energía vital que se usa en dicho proceso irá al lugar donde se necesita, en este caso, tus piernas.

¿Cómo crees que te sentirás después de este incidente?

Con toda seguridad te sentirás mal. Notarás tu corazón y respiración acelerados, temblor en tu cuerpo o incluso un fuerte dolor en el estómago a causa del corte de digestión. En casos de pánico extremo puedes llegar a vomitar incluso.

Esta distribución automática de energía ocurre igual en los animales. Ellos generan energía extra en determinadas situaciones: caza, pelea entre ellos, etc. Pero existe una gran diferencia. Los animales, en estado salvaje, no se sienten mal después de algo así, ni se enferman.


Y ¿por qué a nosotros no nos pasa lo mismo?

En realidad, la pregunta correcta es ¿cómo gestionamos toda esa energía que hemos generado? ¿Qué hacemos con ella una vez pasado el peligro?

Volvamos al ejemplo de los animales salvajes. Si los observamos después de una pelea, veremos que hace ciertas cosas para liberar esa energía: estiramientos, bostezos, sacudidas, etc. Después, por regla general, se tumban a descansar para recuperar su equilibrio.

Pero nosotros no hacemos todo esto. Por nuestra educación, cultura, situación social y conceptos preestablecidos, no nos permitimos sacar o liberar esa energía acumulada. Es más, de forma inconsciente controlamos todo eso que estamos sintiendo. En la situación explicada anteriormente del coche, probablemente, después de unos segundos para recuperar el aliento, continuaremos con nuestra marcha, intentando controlar la respiración y evitando así cualquier posible liberación de esa energía que ya no necesitamos: como llorar o gritar, por ejemplo.

Día a día, acumulamos en nuestro cuerpo físico energía que, en su momento fue útil, pero que después, debimos liberar. Sentimos incluso la necesidad de “protegernos” con esa energía, para evitar o tratar de evitar que se repita el suceso, creando entonces patrones de conducta que nos llevan a padecer ansiedad o incluso, en casos más graves, ataques de pánico ante cualquier ruido de un coche frenando. Nuestra mente ha relacionado la energía generada (situación extrema para el cuerpo) con las imágenes del hecho que lo provocó (coche y frenazo) de forma que, en el futuro, podemos tener reacciones desmesuradas ante una situación que nos “recuerde” a la ya vivida.

Al cabo del tiempo, esa energía no liberada y que ya no nos sirve, nos provoca la enfermedad.

Bien, con todo lo expuesto, tenemos una idea más precisa de para qué se producen las liberaciones energéticas y podemos llegar a entender que, incluso, son necesarias.

¿Cómo hacer que se produzcan estas liberaciones de energía acumulada?

Existen muchos métodos para entrar en contacto con nuestro Yo interior y tomar conciencia de los aspectos que tenemos que trabajar.

En este caso trabajaremos concretamente con Todo Amor, cuya función es la de conectarnos de forma personal con la Fuente, con la energía pura del Amor.

Como dijimos antes, la energía ocupa un lugar físico en nuestro cuerpo, llegando incluso a sentirla de manera clara, con sensaciones físicas concretas. Trabajando con Todo Amor, la entrada de la energía que se produce tras tu conexión personal es también muy física y palpable y es aquí donde, por regla general, podemos sentir una liberación energética. Nuestro canal energético central se asemeja a una tubería y cuando “abrimos el grifo” de la energía del amor, se produce una limpieza profunda de ese canal. Cualquier energía retenida saldrá al exterior “empujada” por el flujo de energía.

Por supuesto, es un proceso que nosotros “decidimos” de manera consciente. Nada que no queramos o podamos asumir saldrá a la superficie.

La energía liberada, en la mayoría de las ocasiones, suele venir acompañada de la emoción con la que asociamos el evento, de forma que, la liberación energética llega con llanto si el evento nos ocasionó dolor emocional o con gritos si la emoción asociada fue la rabia.

En cualquier caso, la energía liberada, el hueco físico que ocupaba es sustituido por energía pura, con la energía de la Fuente, proporcionándonos una sensación de liberación y, sobre todo, de sanación a nivel muy profundo.

sábado, 24 de abril de 2010

Sin miedo al miedo

El miedo. Ese ser que se parece a mí misma y no soy yo. Ese conjunto de experiencias que se almacenan y juntas, sirven para cumplir con la misión más importante, salvarnos la vida. Ese es el miedo, nuestro guardián y a veces, nuestro guía.

El miedo es como el instructor de la autoescuela, que nos acompaña en el camino con el pie puesto en el pedal de freno y que evita que choquemos o embistamos al de delante. Sin el, probablemente no sobreviviríamos a toda esa cantidad de experiencias con las que nos encontramos cada día... su trabajo es duro, porque a veces, nos empeñamos en equivocarnos de camino, sin querer tal vez, por ignorancia también. El no pretende castigarnos, ni siquiera pretende imponer su voluntad, solo nos acompaña, lleno de experiencias previas que nos muestra cuando se repite la escena.

Entonces nosotros decidimos y el acata obediente la elección, almacenando en su memoria el evento y sus consecuencias.

Pero a veces, cuando nos perdemos, cuando sentimos que vamos sin rumbo, el miedo toma el control, acciona ese "pedal de freno" y toma decisiones en función de lo que recuerda. Pero entonces, el es quien guía el camino y debemos convencerle de nuestra valía para que nos ceda de nuevo el control, para que levante el pié del freno y suelte las manos de un volante que debemos llevar nosotros. Puede ocurrir incluso que, por comodidad, por falta de recursos o poder personal, decidamos dejar el control en sus manos por un largo tiempo y después, recuperarlo, puede ser mucho más dificil.

El miedo en realidad, es nuestro aliado. Sólo nosotros tenemos la facultad de decidir dejar que el nos guíe y por lo tanto, solo nosotros podemos volver a pedirle ese control de nuestra vida, desde el convencimiento propio de que SI podemos.

El miedo es cuidadoso y no permitirá que tomemos de nuevo el control si nos ve dudar, si reclamamos el volante con rabia o demostrando que no sabemos el camino a seguir. Su unica misión es salvarnos la vida, protegernos. No podemos menospreciar su labor y enfadarnos con el por llevar a cabo esa tarea tan dificil. Al contrario, debemos agradecerle las veces que pise el freno por nosotros, aprender la lección y demostrarle que, a la próxima, tendremos cuidado, andaremos el camino sin poner en riesgo nuestra existencia, nuestros sentimientos, nuestro cuidado personal, nuestra responsabilidad. Entonces el, confiará de nuevo y tras el frenazo, nos dejará continuar.

Tampoco debemos deshacernos de el, no se irá. Se aferrará al volante como último método para no perderte, para que no te pierdas... el puede caminar contigo, a tu lado, haciendo su trabajo y permitiéndote experimentar la vida por tí mismo. Solo intervendrá cuando las variables de una situación resuenen con experiencias vividas o aprendidas y que el guarda en su interior. Entonces, te avisará de lo que puede ocurrir y de nuevo, habrá que elegir. El esperará hasta el último momento, hasta el último segundo para intervenir si fuera necesario.

Mira a tu lado y descubre ese gran personaje que es el miedo. ¿qué aspecto tiene? Tu lo has creado, a lo largo del tiempo y de cada experiencia y si ves que sientes algo que no va contigo, deberías hablarle, explicarle aquello que consideres oportuno y sacar de sus "registros propios" aquello que ya no es valido para vuestro camino juntos. El lo entenderá, si tus razones vienen desde la confianza y la gratitud, eliminará el registro de su ser y continuará a tu lado incondicionalmente.

Observa tu miedo, el te mira constantemente, para aprender de tí, para cuidarte y protegerte. No te pierde de vista y lo que veas, no es mas que el reflejo de tí mismo. El miedo forma parte de tí mismo, el miedo guarda "tus contenidos" y solo interpreta, como un ordenador.
Es un amigo fiel, el que se hunde contigo si hace falta y el que se siente aliviado cuando ganas cada pequeña batalla.

La rabia, la alegría y la tristeza, te abandonan en ocasiones... se esconden en algún lugar de tu ser cuando no quieres verlas, pero el miedo... el miedo no se esconde, el miedo es VALIENTE... el miedo permanece contigo hasta el último suspiro, te acompaña cuando sales a trabajar y cuando sonries y cuando amas y cuando lloras... el miedo siempre está, en los logros y los fracasos, recogiendo datos, apuntando, ofreciendo alternativas, recordándote hechos... el miedo no abandona NUNCA. No se esconde NUNCA.

El miedo... un aliado con mala fama. Ese que parece estar en la sombra pero que aparece en el momento justo para salvarte. Creo que merece un tiempo de atención. Un agradecimiento desde el corazón y un "sigue conmigo" porque su presencia, más allá de las etiquetas sociales que le ponemos, es imprescindible.

Aprendamos a convivir con el y a convertirlo de una vez por todas en nuestro aliado. No trates de luchar ni de demostrarle que "tu puedes solo". No trates de apartarlo de tu lado porque entonces se resistirá, recuerda que el NUNCA abandona, y entonces querrá tomar partido en tu vida. Llévalo contigo como un amigo, agradecele lo aprendido y demuestrale con tu confianza que a veces, puede desterrar creencias que ya no os sirven. El sabrá eliminarlas y comenzar de cero.

Acuerdate de sentirlo de vez en cuando para que sepa que su trabajo es valorado por ti y así evitar que se haga ver "a cualquier precio", y utiliza tus otras emociones para darle registros nuevos cada día y que se sienta "parte de algo completo". Hablale con amor, explica tus razones y transmítele confianza. No podrás convencerle de nada que tu no creas. Es muy perceptivo y sabio. Agradece su presencia y pidele que continúe. Y cuando un día sientas que no ves el camino delante de tí, que la vida te lleva a demasiada velocidad y que estás a punto de perder el control, solicita su ayuda con cariño. El siempre sabe que hacer. Pero si aun así, el resultado final no es el esperado, no arremetas contra el. RECUERDA que lo que el hace, lo ha aprendido todo de tí.

Se feliz!!

jueves, 22 de abril de 2010

Simplemente soy


A lo largo del tiempo, en la consulta, muchas veces he detectado un punto de estancamiento en mis pacientes. Me costaba al principio encajar este "parón" y me puse a investigar un poco. Con los pacientes con los que tenía más confianza, traté de averiguar porqué se paralizaban en cierto momento de su proceso.

Ellos mismos no tenían muy claro porqué les pasaba, después de
conversaciones y cuestionamientos, llegué a la pregunta correcta... ¿qué es lo peor que podría pasarte si dieras el siguiente paso? ¿si te
deshicieras de tu bloqueo?

Y ahí llegaron respuestas...

Llegué a una conclusión clara. Lo que somos y lo que sentimos son dos
cosas diferentes pero, cuando arrastramos un rol, un patrón de comportamiento o un "bloqueo" durante tanto tiempo, olvidamos "quienes
somos" y asimilamos ese bloqueo como pauta de vida: no convertimos en
nuestro bloqueo.

Caminamos por la vida diciéndonos cosas como, "yo soy así"; "tengo mal
caracter"; "soy débil"; "soy una persona agresiva"....

De repente un día, se ponen a trabajar en ello, quieren dejar de ser "eso" que creen que son pero, el miedo hace su aparición y nos cuenta que ¿Quién seré entonces si me deshago de mi rabia, de mi tristeza, de mi rol o de mi bloqueo? Y nos entra el pánico... No tenemos ni idea de quienes somos.

Y dar el paso de descubrirlo es muy difícil, asusta tanto que casi
preferimos quedarnos como estamos. El miedo a lo desconocido, yo le llamo "el miedo a mejorar"

Cuando descubres que "tu no eres" tu miedo, ni tu tristeza ni tu rabia.Cuando descubres que tu forma de ser "no es" lo que en realidad "tu eres",ahí se produce el clic necesario para avanzar, para soltar definitivamente la mochila.
Cuando descubres que el amor es la única respuesta, tu sistema energético se ocupa de hacer el resto. Elimina todo lo que no es amor y por fin te liberas de las etiquetas de ti mismo. A partir de este momento dejo de ser una persona triste, dejo de ser una persona rabiosa y dejo de ser una persona miedosa.


A partir de ese momento, simplemente SOY