El miedo. Ese ser que se parece a mí misma y no soy yo. Ese conjunto de experiencias que se almacenan y juntas, sirven para cumplir con la misión más importante, salvarnos la vida. Ese es el miedo, nuestro guardián y a veces, nuestro guía.
El miedo es como el instructor de la autoescuela, que nos acompaña en el camino con el pie puesto en el pedal de freno y que evita que choquemos o embistamos al de delante. Sin el, probablemente no sobreviviríamos a toda esa cantidad de experiencias con las que nos encontramos cada día... su trabajo es duro, porque a veces, nos empeñamos en equivocarnos de camino, sin querer tal vez, por ignorancia también. El no pretende castigarnos, ni siquiera pretende imponer su voluntad, solo nos acompaña, lleno de experiencias previas que nos muestra cuando se repite la escena.
Entonces nosotros decidimos y el acata obediente la elección, almacenando en su memoria el evento y sus consecuencias.
Pero a veces, cuando nos perdemos, cuando sentimos que vamos sin rumbo, el miedo toma el control, acciona ese "pedal de freno" y toma decisiones en función de lo que recuerda. Pero entonces, el es quien guía el camino y debemos convencerle de nuestra valía para que nos ceda de nuevo el control, para que levante el pié del freno y suelte las manos de un volante que debemos llevar nosotros. Puede ocurrir incluso que, por comodidad, por falta de recursos o poder personal, decidamos dejar el control en sus manos por un largo tiempo y después, recuperarlo, puede ser mucho más dificil.
El miedo en realidad, es nuestro aliado. Sólo nosotros tenemos la facultad de decidir dejar que el nos guíe y por lo tanto, solo nosotros podemos volver a pedirle ese control de nuestra vida, desde el convencimiento propio de que SI podemos.
El miedo es cuidadoso y no permitirá que tomemos de nuevo el control si nos ve dudar, si reclamamos el volante con rabia o demostrando que no sabemos el camino a seguir. Su unica misión es salvarnos la vida, protegernos. No podemos menospreciar su labor y enfadarnos con el por llevar a cabo esa tarea tan dificil. Al contrario, debemos agradecerle las veces que pise el freno por nosotros, aprender la lección y demostrarle que, a la próxima, tendremos cuidado, andaremos el camino sin poner en riesgo nuestra existencia, nuestros sentimientos, nuestro cuidado personal, nuestra responsabilidad. Entonces el, confiará de nuevo y tras el frenazo, nos dejará continuar.
Tampoco debemos deshacernos de el, no se irá. Se aferrará al volante como último método para no perderte, para que no te pierdas... el puede caminar contigo, a tu lado, haciendo su trabajo y permitiéndote experimentar la vida por tí mismo. Solo intervendrá cuando las variables de una situación resuenen con experiencias vividas o aprendidas y que el guarda en su interior. Entonces, te avisará de lo que puede ocurrir y de nuevo, habrá que elegir. El esperará hasta el último momento, hasta el último segundo para intervenir si fuera necesario.
Mira a tu lado y descubre ese gran personaje que es el miedo. ¿qué aspecto tiene? Tu lo has creado, a lo largo del tiempo y de cada experiencia y si ves que sientes algo que no va contigo, deberías hablarle, explicarle aquello que consideres oportuno y sacar de sus "registros propios" aquello que ya no es valido para vuestro camino juntos. El lo entenderá, si tus razones vienen desde la confianza y la gratitud, eliminará el registro de su ser y continuará a tu lado incondicionalmente.
Observa tu miedo, el te mira constantemente, para aprender de tí, para cuidarte y protegerte. No te pierde de vista y lo que veas, no es mas que el reflejo de tí mismo. El miedo forma parte de tí mismo, el miedo guarda "tus contenidos" y solo interpreta, como un ordenador.
Es un amigo fiel, el que se hunde contigo si hace falta y el que se siente aliviado cuando ganas cada pequeña batalla.
La rabia, la alegría y la tristeza, te abandonan en ocasiones... se esconden en algún lugar de tu ser cuando no quieres verlas, pero el miedo... el miedo no se esconde, el miedo es VALIENTE... el miedo permanece contigo hasta el último suspiro, te acompaña cuando sales a trabajar y cuando sonries y cuando amas y cuando lloras... el miedo siempre está, en los logros y los fracasos, recogiendo datos, apuntando, ofreciendo alternativas, recordándote hechos... el miedo no abandona NUNCA. No se esconde NUNCA.
El miedo... un aliado con mala fama. Ese que parece estar en la sombra pero que aparece en el momento justo para salvarte. Creo que merece un tiempo de atención. Un agradecimiento desde el corazón y un "sigue conmigo" porque su presencia, más allá de las etiquetas sociales que le ponemos, es imprescindible.
Aprendamos a convivir con el y a convertirlo de una vez por todas en nuestro aliado. No trates de luchar ni de demostrarle que "tu puedes solo". No trates de apartarlo de tu lado porque entonces se resistirá, recuerda que el NUNCA abandona, y entonces querrá tomar partido en tu vida. Llévalo contigo como un amigo, agradecele lo aprendido y demuestrale con tu confianza que a veces, puede desterrar creencias que ya no os sirven. El sabrá eliminarlas y comenzar de cero.
Acuerdate de sentirlo de vez en cuando para que sepa que su trabajo es valorado por ti y así evitar que se haga ver "a cualquier precio", y utiliza tus otras emociones para darle registros nuevos cada día y que se sienta "parte de algo completo". Hablale con amor, explica tus razones y transmítele confianza. No podrás convencerle de nada que tu no creas. Es muy perceptivo y sabio. Agradece su presencia y pidele que continúe. Y cuando un día sientas que no ves el camino delante de tí, que la vida te lleva a demasiada velocidad y que estás a punto de perder el control, solicita su ayuda con cariño. El siempre sabe que hacer. Pero si aun así, el resultado final no es el esperado, no arremetas contra el. RECUERDA que lo que el hace, lo ha aprendido todo de tí.
Se feliz!!
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Hola Loida, soy Mónica, del blog de Nieto, el Panadero motero vaya.
ResponderSuprimirMe encanta como escribes y en este post como describes el MIEDO. No me había planteado ese lado oculto del miedo sombrío que aparece en el momento justo para salvarte, ese "sigue conmigo" a pesar de los pesares porque su presencia es imprescindible. Leyendo tu post lo he visto de un punto de vista muy distinto al que tenía. Hace un tiempo lo pasé fatal y ese miedo se levantaba y desayunaba conmigo, se propuso anteponerse a mis pasiones, si oía música me elevaba la emoción y me hacía pararla, y no digamos la pintura, aún a día de hoy me da respeto volver a coger un pincel, me siento un poco principiante, pero creo que poco a poco he avanzado y tengo más tesón para no dejarme dominar por él más tiempo del que estuvo en mi interior. Gracias por tus palabras. Sigo tu blog!!
Bss!!