Hoy hemos ido a Huaquillas, al sur del país, casi en la frontera con Perú. Nuestro tercer curso de Reiki y de nuevo, emocionante, precioso... No tengo palabras para expresar lo que se siente cuando puedes aportar algo.
Pensamos que las cosas que tenemos en nuestro día a día, lo que para nosotros es normal saber, para otros, es un gran regalo y esa ha sido la palabra del día. Regalo.
Me emociona ver como nos esperaban y como nos tratan. Sienten que estamos haciendo algo grande por ellos y lo que no saben es que, ellos, con su humildad, hacen mucho más por nosotras.
La mayoría de los asistentes a este curso forman parte de las CEB (comunidades de educación de base) Se encargan de educar, formar y dar cobertura a gente necesitada, alejada de las grandes ciudades. Tienen un amplio programa de actividades y están muy comprometidos con la educación sanitaria.
La mayoría de estas mujeres y hombres han acudido a cursos de formación. Saben como poner un suero o una inyección. Son capaces de diagnosticar apendicitis, de poner un vendaje o curar una quemadura. Y es que a veces, el acceso al médico no es posible, no sólo porque estén lejos, sino porque la mayoría no puede pagar por las medicinas que les recetan. Reiki es sin duda, una buena manera de mantener esa estabilidad que necesitan.
En todos los cursos hemos insistido mucho en que, para hacerse Reiki, no es necesario estar enfermo. Reiki como prevención, esta ha sido la premisa de este viaje. El reequilibrio energético aporta mejora física y emocional y ellos, necesitan prevenir la enfermedad, para no tener que verse desasistidos, ya sea por lejanía o por imposibilidad económica.
Y aquí estamos el grupo al completo. Con nuestras manos en posición de DAR y RECIBIR, algo que ellos tienen muy presente.
Después del curso comimos allí mismo, en la casa pastoral, con el Padre Joaquin y la hermana Segun. Y Chavela, que nos acompañó y ayudó en el curso.
Mientras comíamos, organizamos la ida a Guayaquil. Teníamos que viajar 3 horas hasta la ciudad y los autobuses de la zona no parecían gustarle mucho a la gente de allí. Y es que son un pelín rápidos conduciendo y da miedo hasta verlos pasar. Así que, reservaron billete en una furgoneta particular que hace el trayecto a Guayaquil.
Este episodio fue un tanto particular... la cosa fue...
Desde Huaquillas, después de comer, emprendimos el camino de regreso a Santa Rosa. Lili conducía el coche del Padre JoseMari, que la verdad es que nos vino genial.
Allí hicimos las maletas, todo lo que llevábamos había que recogerlo, porque ahí ya no íbamos a volver. Y a las 5 de la tarde teníamos que estar en la puerta de la Iglesia del Calderón (la de Santa Rosa) porque nos pasaban a buscar directamente el chofer de la furgoneta.
Bien pues... puntuales, a las 5 de la tarde, El padre Anselmo, Liliana y yo, con nuestros maletones, estábamos en el lugar pactado. Pasan los minutos, un cuarto de hora y el chofer no viene. Llamadas a la "central" (que vete tu a saber como será eso) y nada... no lo cogen. Seguimos esperando y ya empezamos a ponernos algo nerviosos. ¿Se han olvidado de nosotros? ¿y ahora que? ¿cogemos otro medio de transporte? Sí pero... habíamos pagado por nuestro billete.
Más nervios... Chavela llama de nuevo a la central y nada. Deciden que lo mejor es ir al punto desde el que salen estas furgonetas y ahí, si el chofer ya se ha ido, que nos pongan en el siguiente que salga... Bien pues, busquemos un taxi... grande por favor, que llevamos muchos bultos y aquí hay algunos coches tan pequeños que ni nosotras cabemos... vale, vale... ahí viene un taxi.
Antes de meter las maletas, a pactar el precio. Aquí hay que hacerlo así, pactar el importe del trayecto antes de montarte, sino, te puedes llevar una sorpresita.
Venga perfecto, trato hecho y maletas al coche. Hacemos un poco de tetris con las maletas y cuando tenemos ya al Padre Anselmo montado y colocado en el coche, un piterío llama nuestra atención. ¿eso que es? ¿que pasa?
LA FURGONETA... aquí llegan tarde, pero llegan... está claro!!
Venga va.. maletas fuera... ah y el padre Anselmo también... no lo olvidemos!!
Trasladamos el equipaje a la furgoneta de 7 plazas, con un maletero minúsculo, pero el chofer de nuevo, haciendo tetris, consiguió acoplarlas. Entramos al coche y... Oh no!! HAY FUTBOL... a toda castaña eso sí... y a mi ya me empieza a doler la cabeza.
Nos sientan en los asientos de atrás del todo, Liliana, Anselmo en medio y yo. Bien pues... aprovecharé para echar una cabezadita, me pongo el MP3 y así no oigo el futbol. Pero no pudo ser. Anselmo que venía hablador, y como no se oía ni a sí mismo, levantaba la voz. El futbol a toda voz y el Padre, por encima, contándonos historias muy interesantes sobre el país, pero claro... estas historias, en otro momento, mucho mejor ehhh...
Nada, por fin terminó el futbol... (menos mal) y en un rato que se me hizo eterno, parece que estábamos... a medio camino!! Aun nos quedaba una hora y media más de camino y sinceramente, mi trasero ya no aguantaba más. Paciencia!!
Por fin, Guayaquil!! Una ciudad enorme. Solo habíamos visto el aeropuerto y como salimos de allí de madrugada no habíamos podido ver nada. Ahora era de noche también, pero aun era pronto y habia mucha actividad en las calles.
Llegamos a la Procura, donde Araceli y Mª Angeles nos estarían esperando. Bajamos los maletones, pagamos al taxista que nos trajo desde la parada de la furgo hasta allí y tocamos el timbre. Nada. La casa es grande, no lo habrán oído. Tocamos el timbre. NADA. ¿no hay nadie? Bien, llamemos al móvil (celular) de Araceli. NADA.
Esto es mosqueante... me veo durmiendo en un albergue esta noche. Tocamos el timbre. NADA!!!!
A lo lejos llegan dos personas, dos mujeres, con aspecto de españolas y efectivamente, al llegar... ¿Y Uds. quienes son? Ups... no era el recibimiento que esperábamos ehhh. Esto... verá... somos de España... venimos con el Padre Anselmo, aquí presente, a dormir aquí... :-/
¿y llegaban hoy? Pues si... es evidente no? estamos aquí!!
Total que... nos hacen pasar, nos explican que no sabían que llegábamos y que se habían ido al Malecon a tomar algo, pues estaban los hijos de una de las encargadas de la casa allí, de visita desde España y ni habían caido en que nosotros llegábamos.
Menos mal que les entró frío y volvieron a casa a por algo de abrigo, que si no... aún estamos tocando el timbre en la puerta.
Después de entrar al baño, coger una chaqueta y presentarnos, fuimos con ellas al Malecon, donde nos encontramos con el resto del grupo: Araceli, Gabriela e Iñaki, el hijo de Mª Angeles y hermano de Begoña...sí, ya sé mucho lío... pero así es más fácil después saber quien es quien.
Cenamos algo... ¿adivináis el qué? Sí, exacto... pollo y arroz... por cambiar un poco, jajaja y nos sentamos a tomar el fresquito en las terracitas del Malecón. Un lugar fantástico, como pudimos comprobar al día siguiente en nuestra visita turística por Guayaquil, pero eso será.... Mañana... así que... buenas noches!!
CONTINUARA...

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